La espuma

Una brisa se acerca con prisa impulsada por las olas
que te miran y apaciguan y nunca están solas,
te susurran y sonríen y sacan tus colores de amapola
de fuerte y marcado tono y aún así lo controlas.

Una prisa se acerca sin brisa y se llena de caracolas
postradas en las húmedas arenas viéndose asolas
sin decir si quiera que un día asoma cual carambola
en un recorrido eterno de la luz que prenden las farolas.

La espuma recorre la cresta de aquella estructurada ola
para decirte al oído que un día ya no estarás sola
que te mece y languidece entre abrazos del rompeolas
esperando ese momento conectado a tu aureola.

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Lola Ortiz Rey

Miel

Miel acababa de despertarse en su día,
tan viva, tan llena de luz cual poesía,
a la espera de unas notas en armonía,
de inusitada acústica que curtía
un corazón de entrañable cercanía,
esperando un reflejo en una pared sombría.

Miel andaba entre extraños vientos,
del siroco, de la tramontana, de bellos movimientos
encendidos por un árbol de exuberante talento,
susurraba en su oído cual afable lamento.

Miel descubría en sus notas un arco desgarrado
que en su lucha con las cuerdas se veía reflejado
en extrañas melodías de ese violín empoderado
que se acercaba a la vida como un colibrí enamorado.

Miel acababa de despertarse en su día,
un poema, una canción, una melodía,
atravesaba su ventana como un alma escondida,
tocaba su corazón y a la vez se dormía

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